Hernia discal

Hernia discal

La espalda está formada por huesos llamados 'vértebras'. Entre ellas hay 'discos intervertebrales' elásticos con un núcleo blando. Una hernia discal es una protrusión del núcleo blando de uno de esos discos. Esto provoca dolor en la parte baja de la espalda. Los síntomas también pueden irradiarse a una o ambas piernas por presión sobre un nervio.

El núcleo blando de un disco intervertebral también se llama nucleus pulposus. En el ámbito médico, una hernia también se describe como hernia nuclei pulposi (HNP).

¿Cuál es la causa de una hernia?

Cada año, unas 75.000 personas en los Países Bajos presentan molestias como consecuencia de una hernia discal. En más de la mitad de los casos existe una debilidad congénita del disco intervertebral. Sin embargo, hay más factores que contribuyen a la aparición de una hernia.

Factores de riesgo para la aparición de una hernia

La falta de actividad física suficiente, una mala condición muscular y el sobrepeso influyen negativamente en el disco intervertebral. Un estilo de vida poco saludable, por ejemplo fumar y/o una mala alimentación, completa la lista de factores de riesgo.

No es correcto afirmar que el trabajo físico pesado con mucho agacharse y levantar cause una hernia. Sin embargo, sí puede empeorar los síntomas en una hernia ya existente.

Aunque el disco intervertebral se vuelve menos elástico y, por tanto, más vulnerable a medida que aumenta la edad, la mayoría de las hernias se observan en personas de entre 35 y 55 años. Por lo general, son más frecuentes en hombres que en mujeres.

¿Cómo se reconoce una hernia?

En la mayoría de los casos hay un dolor en la parte baja de la espalda punzante. Este dolor empeora al toser, estornudar o hacer esfuerzo (ir al baño).

Por la presión de la hernia sobre una raíz nerviosa, también pueden presentarse molestias en el territorio correspondiente, como dolor en una o ambas piernas. Estos latigazos de dolor pueden extenderse hasta el pie. A esto se le llama dolor irradiado. Causa hormigueo, disminución de la sensibilidad o pérdida de fuerza en la pierna.

¿Cómo se diagnostica una hernia?

Si se sospecha una hernia, el médico de cabecera o el especialista solicitará pruebas complementarias para obtener certeza. Estas pruebas pueden realizarse de diferentes maneras.

Inicialmente, se realizará una TC o una radiografía de la zona lumbar. Esto da una buena idea de posibles deformaciones y/o desgarros en los discos intervertebrales.

Cuando esto no aporta suficiente información, se realizará adicionalmente una RM. Esta suele hacer visible con claridad una posible protrusión del disco intervertebral.

¿Cómo se trata una hernia?

Entre el 70 y el 80 por ciento de las hernias se resuelven sin cirugía. Por lo tanto, se prefiere claramente un abordaje no quirúrgico (conservador). En este se iniciará la terapia de movimiento bajo la supervisión de un fisioterapeuta y, si es necesario, se prescribirá medicación para combatir el dolor.

Pide ayuda a un fisioterapeuta.

En hernias más graves, o si el tratamiento conservador no ofrece resultados suficientes, se recurrirá a la cirugía. En esta operación de hernia el cirujano realizará una incisión de aproximadamente cinco a siete centímetros a la altura del disco afectado; también es posible un procedimiento de mínima invasión.

A continuación, se separan los músculos de la espalda y se retira por completo la protrusión. Incluso después de esta operación, la terapia de movimiento bajo la supervisión de un fisioterapeuta es de gran valor.

Autoevaluación de hernia

La autoevaluación de hernia te da una primera impresión de si tus molestias de espalda pueden deberse a una hernia. Haz la autoevaluación y obtén una primera indicación de tus molestias.

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